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Mis padres envejecen, ¿cómo puedo conectar con ellos?

En la infancia les admiramos, en la adolescencia les rechazamos, en la juventud les olvidamos y de mayores les redescubrimos como personas de carne y hueso,

Author: MundoMayor/lunes, 22 de octubre de 2018/Categories: Mayores y Dependencia, Otros

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"Siempre he tenido el concepto de que mi madre es joven pero según cumplo años yo y me hago más adulta me doy cuenta de que ella envejece, y aunque tenemos mucha conexión, le hablo como si fuera su abuela, no me paro a pensar que tiene una vida aparte", son las palabras de Ana, de 35 años, participante en un sondeo realizado por ZEN para averiguar cómo es la relación real de los hijos adultos con sus padres mayores. La palabra envejecer para muchas personas es como el lobo en la infancia, tememos que se nos aparezca en algún lugar del camino y nos devore para siempre. Por muy adultos que nos hagamos, nuestros padres siempre son nuestros padres. Cuando nos damos cuenta de que el lobo de la vejez les visita nos invaden sentimientos contrastados. Muchos son muy positivos como la ternura, el amor, el agradecimiento y el respeto, pero también negativos como el miedo, el enfado, la confusión y el estrés.

Uno de los entrevistados, psicólogo en una residencia, contaba con una sonrisa, el shock que sufrieron unos hijos al enterarse que su padre de 78 años, viudo desde hacía 10 años, se había enamorado de otra residente y que pasaban muchas noches juntos. "¡Impídalo!", le pidieron, ante la mirada atónita del psicólogo, que consideraba que aquel amor talludito había sido un auténtico regalo para los protagonistas. La relación con nuestros progenitores está teñida de ambivalencia, sobre todo, en términos de autonomía y dependencia, hay que compaginar el deseo de apoyarse con la necesidad de libertad y autonomía que todos tenemos.

Pero, ¿cuál es el momento en el que se hacen mayores nuestros padres? El aumento de la esperanza de vida y de la salud hace que las personas mayores sean ahora "más jóvenes" en términos objetivos de años de vida saludables por delante. Para responder a esta pregunta hablamos de edad subjetiva: es la edad en la que cada hijo "cree" que sus padres "ya se han hecho mayores". Según el Centro de Investigaciones Sociológicas la edad media declarada como umbral de la vejez son los 68 años, pero este flexible umbral se desplaza según va aumentado la edad de los entrevistados. El simpático Santiago sigue su fórmula matemática: sitúa la edad de la vejez 15 años por encima de la suya, ahora tiene 30 años por lo que sus mayores ¡tienen 45! Según esta subjetividad, las mujeres, que nacen con una esperanza de vida mayor que los hombres de casi seis años, retrasan la edad subjetiva de envejecimiento los mismos años con respecto a los varones. Si usted es de los que asocia envejecimiento con enfermedad tenga en cuenta un dato: los problemas de salud mental en las personas mayores suponen el 19,1% frente al 15,6% en el total de la población adulta. Para tratar con los padres hemos de revisar nuestras propias creencias limitantes con respecto al envejecimiento o como afirma María "conectar de verdad con ellos".

No es necesario crear una alarma innecesaria frente al envejecimiento. Según señala la OMS, ganamos salud y perdemos dependencia. Por eso, su propuesta desde hace una década es la del envejecimiento activo. Lo que significa que, como hijos, hemos de favorecer la autonomía y el empoderamiento de nuestros mayores. Fijarnos en sus fortalezas ¡que son muchas! y no sólo en sus debilidades. Eva regaló a su padre de 79 años una tablet por su cumpleaños y contrariamente a lo que un sarcástico anuncio publicitario "presagiaba" no la utilizó como bandeja del desayuno, sino para hablar con su nieta de cinco años todos los días por videoconferencia. Nuestros mayores no son los de antes, puede ser que sus padres sean grandes desconocidos.

Lo que desean las personas mayores activas (a mi me gusta llamarlas sabias) es desarrollar una vida sana -por eso cuidan su alimentación y el ejercicio físico- ser activos a nivel individual y útiles a nivel social, tener una buena relación con su familia, actividades de ocio con sus amigos y, por supuesto, cuidar su situación económica. Es una edad en la que la espiritualidad también cobra importancia más allá de la religión de cada uno.

A veces es cierto que los padres mayores han de enfrentarse a problemas de salud. Si esto sucede cuando los hijos adultos están cuidando de sus propios hijos o con complicadas vidas laborales la situación puede hacerse difícil. En este caso, para poder ayudar a nuestros padres en el mantenimiento de su salud hemos de comprobar hasta qué punto son capaces de cuidar de sí mismos, animarles a que realicen sus visitas médicas regulares, contactar con su doctor si es necesario, controlar los problemas de seguridad en casa y en el coche y, por supuesto, plantear la ayuda a domicilio. Pero sobre todo hacerles sentir que nos importan.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Los padres son expertos en mundología. Aproveche su conocimiento escuchando sus aportaciones. Todos nos enriquecemos de una comunicación frecuente y abierta. También nos transmiten nuestra historia y nuestros orígenes, muchas veces son un espejo en el que mirarnos y muchos de ellos son ejemplo de recuperación ante la adversidad.

Los hijos son expertos en tecnología. Muchos están receptivos a las nuevas tecnologías y una vez que han aprendido su uso son una gran herramienta de intercambio. ¿Tienes ya un grupo de 'WhatsApp' con tus padres? Muchos transmiten mejor sus sentimientos a través de este medio, si además los visita regularme su relación será una fuente de satisfacción.

Los mayores tienen sus propias aspiraciones. Quieren disfrutar de la vida, viajar, tener ocio, aprender más e incluso seguir ganando dinero. Ayudémosles a tener su espacio. Desde este enfoque es importante intentar no cambiarlos sino más aceptarles en sus propios valores personales. Ambos necesitan ser flexibles y aceptar sus diferencias y sus ritmos.

Trate de comprender a sus padres. Ninguna de las dos partes posee todas las respuestas. Valore las cosas positivas de la educación recibida, aunque cometieran errores, es el momento de disfrutar con ellos. Una carta de agradecimiento por lo que han hecho es un buen regalo de Navidad.

Maduramos nosotros y han de madurar nuestras relaciones. En la infancia les admiramos, en la adolescencia les rechazamos, en la juventud les olvidamos y cuando nos hacemos adultos les redescubrimos como personas de carne y hueso. Vistos con la sabiduría de la edad, podemos por fin amarlos.

Fuente: amp.elmundo.es - Isabel Serrano Rosa

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