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Mayores, heridas y cicatrices

El tratamiento de las cicatrices es una parte importante del poceso de curación de una herida. Aún más en el caso de personas de edad avanzada.

La prevalencia de caídas en personas de edad avanzada es considerable. En el mejor de los casos apenas supondrá una magulladura y el susto. No obstante, es probable que, como consecuencia del propio golpe o del impacto contra algún objeto en el momento de la caída, se produzcan heridas de diferente consideración.

Sin entrar en detalles propios de la fisiopatología, que podrían hacer de este post algo largo y quizá aburrido, te vamos a contar cómo se forman las cicatrices.

La piel es el tejido más extenso de la anatomía humana. Una de sus funciones es la de protegernos de agentes nocivos externos, que pondrían en peligro el delicado equilibrio interno de nuestro organismo. Incluso el de la propia piel. De ahí su pH ácido (entre 4,7 y 5,7).

A lo largo de su extensión tiene diferentes grosores que van desde el más fino de los párpados, al más grueso de la espalda. Está compuesta por tres capas: epidermis, que es la más superficial, dermis, que es una capa intermedia, y la hipodermis o tejido subcutáneo, que es la más profunda y contacta con el tejido fascial y otros sistemas sensitivos, vasculares y motores del cuerpo.

Una herida incisa, es decir, aquella que es capaz de romper esta barrera y poner al descubierto el tejido subcutáneo, o incluso más profundo, ha de ser reparada lo antes posible para prevenir que patógenos externos produzcan una infección  que dañe estructuras o, peor aún, que se incorpore al sistema circulatorio, lo que podría generar en un problema grave.

Independientemente de los cuidados iniciales de lavado y desinfección de la zona por parte de una tercera persona o uno mismo/a, el cuerpo va a destinar sus propios y eficientes recursos a la labor de eliminar agentes extraños y taponar la herida.

Inicialmente el cuerpo envía plaquetas al área de la lesión. Las plaquetas ayudan a formar una costra y detener el sangrado. Esto se conoce como fase de hemostasia.

 Estas plaquetas se unirán a la fibrina para formar un tapón o coágulo.

Los siguientes en llegar a la ?escena del crimen? son los glóbulos blancos, que ayudan a combatir cualquier bacteria o signo de infección. No son células especializadas. Todo lo que sea potencialmente dañino para el sistema, será fagocitado y eliminado.

El área se inflamará a medida que los glóbulos blancos fluyan hacia el área afectada. Este proceso se producirá siempre, sin perjuicio de las medidas externas que adoptemos para tratar de minimizarlo o impedirlo (frío, compresión, desinfectantes, etc.)

Una matización: cuando se produce esa caída de la que hablábamos antes, o cualquier otra circunstancia que produzca un traumatismo, no siempre será visible la herida externa. La piel puede mantener su integridad estructural y, aun así, producirse una lesión en alguna estructura interna (un capilar, una zona muscular, tejido conectivo, etc.) En estos casos el proceso fisiológico subsecuente es el mismo que si se trata de una lesión abierta. También se producirá esa ?cicatriz?, pero a nivel interno.

Seguimos. La piel puede enrojecerse alrededor del área, y esto en realidad es una señal de que el proceso de curación natural está funcionando. Ten en cuenta que el sistema principal de transporte de sustancias a la zona afectada es el sanguíneo.

Sin embargo hay que prestar atención a este proceso ya que puede tratarse, de llevar más tiempo del considerado normal, de una infección que debe ser tratada por personal médico.

Esta es la fase inflamatoria del proceso.

Si la curación va bien, el cuerpo comenzará a crear nuevas células. La costra comenzará a encogerse, dejando piel nueva en su lugar. Esta piel, sin embargo, puede tener una textura o calidad diferente a la piel normal, lo que resultará en una cicatriz.

Esta fase se conoce como etapa de proliferación.

Finalmente llegamos a la etapa de maduración. Esto sucede cuando la herida cicatriza por completo y la capa exterior (costra) cae y queda la piel nueva al descubierto.

Recuerda: Cuatro etapas:

  1. Hemostasia
  2. Inflamación
  3. Proliferación
  4. Maduración

Las suturas se aplican cuando el tamaño de la herida supera la capacidad del propio organismo de resolver el problema por sí mismo.

Vamos a ver ya los tipos de cicatrices que se pueden originar tras la curación de la herida.

Normal: la habitual en una herida poco importante. El resultado final es una línea fina, casi imperceptible.

Atrófica: cuando queda una pequeña depresión en la zona donde estuvo la herida. Es muy común del acné, por ejemplo.

Hipertrófica: son cicatrices causadas por tipos de cicatrización con producción excesiva de colágeno. La piel resultante es gruesa y sobresale por encima del nivel de la epidermis normal. Suele sucederse en zonas de la piel con constante movimiento, como la rodilla.

Queloide: es una cicatriz hipertrófica pero más grande. Puede picar y hasta causar algo de ardor. Suele extenderse más allá de los límites iniciales de la herida que la originó.

Contractura: es el nombre que reciben las cicatrices derivadas de quemaduras. El tejido cicatrizal se contrae deformando la zona afectada.

Si buscas en Google podrás ver el aspecto que tiene cada una de ellas.

¿Deben tratarse las cicatrices durante el proceso de curación de las mismas, e incluso después?

Definitivamente sí. Y existen tres razones fundamentales para ello:

  1. Ayudar en el proceso de cicatrización.
  2. Evitar que durante la curación de la herida, la cicatrización produzca adherencias en el tejido subcutáneo.
  3. Mejorar la calidad del movimiento de los tejidos adyacentes, impidiendo que dicha cicatriz actúe como un ?zurcido? en una tela elástica.

Son los y las fisioterapeutas quienes más y mejor pueden ayudarte en este proceso. Existen técnicas manuales específicas para tratar cada tipo de cicatriz.

Esto se hace más necesario si cabe en personas ancianas, teniendo en cuenta que la hidratación de su tejido cutáneo suele ser deficiente, bien por trastornos metabólicos sobrevenidos, bien por la pérdida de su sensación de sed y consiguiente falta de hidratación.

Una cicatriz, en mayor o menor media, más aún si se trata de un queloide, una contractura o una hipertrófica, va a arrastrar consigo una restricción de la movilidad tisular interna, que, a la postre, puede derivar en un funcionamiento anormal de algunos tejidos. Con el tiempo pueden producirse alteraciones miofasciales que cursarán con dolor, sensación de sobrecarga, etc. En casos más extremos, una cicatriz puede interferir en la movilidad normal de una articulación, lo que podría ser origen de futuras patologías en la misma.

Así que, como puedes observar, las cicatrices deben ser tenidas en cuenta como parte del proceso de tratamiento y curación de la lesión, más allá del componente estético que, sin duda, es el menos importante desde el punto de vista de la salud. Más en el caso de personas mayores ante la posibilidad de que éstas sean una causa limitante de su movilidad.

Ref.:

Caring senior service

Mejorconsalud.as.com

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