Blog MundoMayor

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Durante mucho tiempo, la salud mental de las personas mayores ha quedado en segundo plano. Es frecuente que la tristeza, el desánimo o la falta de ganas se den por normales, como si fueran parte de hacerse mayor. No lo son. Los estudios y la práctica clínica dejan claro que la depresión en la vejez es una enfermedad seria, que se puede prevenir y tratar, y que necesita un enfoque propio.

Repasamos cómo está la situación en España y en Hispanoamérica: las cifras, cómo se manifiesta y qué tratamientos hay.

Las cifras

España

En los últimos años han crecido los problemas de salud mental en la población adulta española. Según la Encuesta de Salud de España del INE (datos proyectados a 2025-2026), donde más ha subido la depresión es entre los mayores de 65 años: del 9% al 12,2% en solo dos años.

Unas 230.000 personas mayores en España tienen depresión grave. Las enfermedades crónicas, que afectan a dos de cada tres españoles, pesan mucho en esto, porque a menudo son el detonante. A ello se suman la soledad no deseada, el edadismo y la brecha digital, que han hecho que los casos aumenten más rápido.

Hispanoamérica

En América Latina y el Caribe el problema principal es que la mayoría de los casos no se tratan. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otros estudios recientes, más del 73% de las personas con depresión no recibe la atención que necesita.

Cuántos mayores la sufren depende mucho de dónde viven y de su estado de salud. Ronda el 10% entre quienes viven en su casa, sube a entre el 15% y el 30% en residencias de larga estancia y llega al 40% en personas con varias enfermedades crónicas. Algunas investigaciones en Cuba con mayores de 85 años sitúan la depresión mayor por encima del 25%, muy ligada a la dependencia y a las primeras fases de la demencia.

Por qué aparece

En la vejez, la depresión casi nunca tiene una sola causa. Y, a diferencia de lo que pasa en adultos jóvenes, el cuerpo y las enfermedades físicas tienen mucho peso.

  • Causas biológicas y vasculares: existe la llamada "depresión vascular", provocada por pequeñas lesiones por falta de riego en la sustancia blanca del cerebro, que afectan a los circuitos que regulan el estado de ánimo.
  • Otras enfermedades: el dolor crónico, los problemas de corazón, la falta de movilidad o perder vista y oído llevan al aislamiento, y el aislamiento hunde el ánimo.
  • Causas psicosociales: perder el papel social al jubilarse, la muerte de la pareja o de personas cercanas, tener menos dinero y, sobre todo, la soledad no deseada.

Por qué cuesta tanto diagnosticarla

Uno de los grandes problemas es que se diagnostica poco. Una persona mayor con depresión pocas veces dice que está triste o llora. Lo habitual es que la depresión se disfrace de otras cosas.

Muchos pacientes llegan a la consulta del médico de cabecera con dolor de espalda que no se va, problemas digestivos, mucho cansancio, insomnio o pérdida de peso sin explicación. Además, la apatía y la lentitud al pensar (bradipsiquia) se confunden a menudo con el inicio del alzhéimer u otra demencia. Es lo que se conoce como "pseudodemencia depresiva".

Cómo se trata hoy

El tratamiento tiene que adaptarse al cuerpo de una persona mayor. Muchas toman varios medicamentos a la vez y metabolizan los fármacos de otra manera, así que hay que recetar con cuidado.

Medicamentos

Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) siguen siendo la primera opción porque son más seguros que los antiguos antidepresivos tricíclicos. Estos últimos se evitan por sus efectos anticolinérgicos: pueden causar confusión, sequedad de boca y problemas de corazón.

También se usan cada vez más los antidepresivos multimodales. La vortioxetina, por ejemplo, mejora el estado de ánimo actuando sobre el transportador de serotonina y, además, ha mostrado mejoras estadísticas en los síntomas cognitivos de la depresión en mayores, como los problemas de atención o de planificación. Las guías clínicas internacionales recogen esta ventaja.

Terapia psicológica y actividad

La medicación sola no basta. La terapia cognitivo-conductual adaptada a mayores, centrada en resolver problemas y en cambiar los pensamientos negativos, funciona muy bien.

También ayudan la terapia de reminiscencia (trabajar con recuerdos y vivencias pasadas para sentirse mejor), el ejercicio físico supervisado (el trabajo de fuerza y resistencia aumenta las endorfinas y el factor neurotrófico derivado del cerebro, o BDNF) y participar en centros de día o actividades del barrio. Todo esto sirve para romper el aislamiento.

Para terminar

La depresión no es el precio inevitable de cumplir años. Es una enfermedad que se puede tratar, y hay que tomársela en serio. El reto para la sanidad pública en España y Latinoamérica es contar con equipos que trabajen juntos (geriatras, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales) y que atiendan a la persona en todo lo que le afecta: su cuerpo, su mente y su vida social.