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¿Alguna vez te has preguntado por qué no te puedes hacer cosquillas a ti mismo/a?

Hacerse cosquillas a uno mismo es (casi) imposible. Algo tan aparentemente simple requiere la puesta en marcha de procesos neurales relativamente complejos.

La razón por la que no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos ha sido durante mucho tiempo una incógnita, pero ahora estamos más cerca que nunca de resolverlo. Comprenderlo requiere una inmersión profunda en el funcionamiento del cerebro. Para una actividad tan divertida, la ciencia de las cosquillas es sorprendentemente sofisticada.

Los humanos percibimos de forma diferente un contacto dependiendo si nos lo provocamos nosotros mismos o procede de un agente externo.

Si te golpeas tu propia mano con la otra, como reproduciendo un saludo, generalmente lo percibirás como menos intenso que si tu mano choca contra la de otra persona, aunque ésta aplique la misma intensidad que tú en el choque.

La doctora Konstantina Kilteni, del Instituto Karolinska, en Estocolmo (Suecia) comenta que esto es muy útil desde el punto de vista evolutivo, ya que "si tienes un insecto trepando por tu brazo, debes asegurarte de notarlo".

Para que esto suceda, nuestro cerebro debe tener un ?sentido de propiedad? del propio cuerpo. Es decir, debe saber distinguir si un impacto, roce, toque o movimiento en la superficie de la piel, es autógeno o exógeno.

En 2017 se puso en marcha el proyecto Tickle Me para profundizar más en este aspecto. Esta investigación combina, por primera vez, la teoría del control motor computacional, experimentos conductuales de percepción de la fuerza y ??métodos de neuroimagen de última generación, para abordar cómo el cerebro humano distingue entre el tacto autogenerado y el generado externamente.

«Mi motivación principal fue entender el modo a través del cual el encéfalo distingue nuestro propio tacto del de otros y comprobar si este mecanismo es capaz de cambiar», señala Kilteni, investigadora principal del proyecto.

«A partir de los experimentos en materia de comportamiento, me propuse desentrañar las características de nuestro propio tacto que hacen que el encéfalo las identifique como autogeneradas», continua Kilteni.

Mecanismo de Feed-Forward. El cerebro ?predice? las acciones

Los resultados apuntan a que el encéfalo marca el tacto como autogenerado cuando éste puede predecirse mediante nuestros movimientos continuos. «Pensemos en cómo se mueve la mano derecha para tocar la izquierda. Antes incluso de que las manos se toquen, tu encéfalo ya sabe qué va a sentir. Predice el tacto antes de que suceda mediante el empleo de información del movimiento de la mano derecha », aclara Kilteni. El encéfalo sabe de antemano dónde y cuándo se producirá el contacto procedente de ti mismo, antes de que se produzca.

Si te gusta la sitcom ?The Big Bang Theory?, recordarás que hay un capítulo en el que Amy y Sheldon trabajan juntos, y hablan de este concepto de feed-forward cerebral (temporada 10 ? capítulo 19). Aquí tienes el momento por si no lo has visto. 

El artículo más revelador de los experimentos de la Dra. Kilteni se refiere a un área del cerebro llamada corteza somatosensorial, una parte del cerebro que recibe información sensorial. Sensitiva.

Hizo que 30 voluntarios se tocaran los dedos índices y luego un robot tocara sus dedos por separado, mientras ella escaneaba sus cerebros usando una máquina de resonancia magnética funcional. Algunas personas parecían percibir el auto-toque como menos intenso que otras, y Kilteni pudo ver que estos individuos tendían a tener conexiones más fuertes entre la corteza somatosensorial y otra área del cerebro llamada cerebelo.

El cerebelo es un centro encefálico que se encuentra en la nuca. Por si no lo sabes, lo que comúnmente llamamos cerebro es, en realidad, el conjunto de estas dos partes: encéfalo y cerebelo.

Este último es fundamental para gestionar los movimientos de nuestro cuerpo, pero también se cree que desempeña un papel crucial en la supervisión del procesamiento cognitivo.

Piensa en el cerebro como una fábrica con diferentes secciones que procesan información diferente, con el cerebelo como supervisor de control de calidad. Los neurocientíficos creen que el cerebelo envía señales para reducir la percepción de cosquilleo en la corteza somatosensorial cuando son nuestros propios dedos los que actúan.

La robótica y el desarrollo de prótesis de extremidades podrían aprovechar la base de conocimientos aportada por el proyecto. «Una buena aceptación de las prótesis está estrechamente conectada con lo bien que se puede controlar y utilizar en el día a día», afirma Kilteni.

«Nuestros resultados también pueden ser importantes para la investigación sobre la esquizofrenia», explica Kilteni. Para el encéfalo esquizofrénico es más difícil distinguir entre el tacto propio o externo, y, en ocasiones, experimenta alucinaciones, a diferencia de los pacientes sanos.

Algo que te va a sorprender

En Nueva Jersey, EE. UU., La Dra. Marlies Oostland investiga más a fondo esta conexión a través de su proyecto NeuroTick . Uno de los supervisores del proyecto de la Dra. Oostland, el profesor Michael Brecht, en el Centro Bernstein de Neurociencia Computacional de la Universidad Humboldt de Berlín, Alemania, fue el científico que, junto con su colega el Dr. Shimpei Ishiyama, descubrió en 2016 que las ratas tienen cosquillas. Cuando se les hacía cosquillas a las ratas, emitían "risas" ultrasónicas y su corteza somatosensorial se iluminaba como la ciudad de Vigo en navidad.

Quizás pueda dar la impresión de que llevar a cabo un estudio que determina que las ratas se ríen cuando se les hace cosquillas es una pérdida de tiempo y de dinero, pero la Dra. Oostland comenta que esto puede ayudarnos a comprender mejor el trastorno del espectro autista. Las personas que tienen una lesión en el cerebelo poco después del nacimiento tienen 36 veces más probabilidades de desarrollar autismo más adelante en la vida. No entendemos completamente por qué, pero la doctora dice que estudios fundamentales como este podrían ayudar.

Por resumir todos estos datos. Conclusión.

La sensación de cosquilleo sucede con el contacto imprevisto e incontrolable, es decir, cuando no sabemos dónde y cuándo nos van a tocar. Por esa razón es prácticamente imposible hacerse cosquillas a uno mismo.

Aunque siempre existen excepciones: En los pacientes con esquizofrenia, a menudo la atenuación sensorial no funciona de manera correcta, lo que podría deberse a que la capacidad de establecer predicciones de su cerebro es defectuosa, síntoma común en esta enfermedad mental.

Según un estudio llevado a cabo por neurocientíficos del Colegio Universitario de Londres, los participantes que sufrían alucinaciones acústicas explicaron que las cosquillas que se hacían a ellos mismos les causaban la misma sensación que si se las hacía otra persona.

Referencias:

Investigacionyciencia.es

Medicalxpress.com

Cordis.europa.eu

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